Isótopos estables IV

CaballoEl análisis de isótopos estables de carbono y nitrógeno (δ13C y δ15N) en paleontología nos permite seguir extrayendo información de los fósiles mucho más allá de la información morfológica. Tradicionalmente el estudio de la dieta de un animal, por ejemplo una nueva especie de caballo del pleistoceno se haría comparando los dientes del mismo con otros dientes de animales similares (tanto especies fósiles como modernas). Estas comparaciones estarán influenciadas por las variaciones intraespecie del fósil estudiado, si es un individuo especialmente pequeño o grande estaremos cometiendo un errorde estimación. También dependerán de la colección de referencia, pues comparar animales salvajes con, por ejemplo, caballos actuales bien alimentados y seleccionado por criadores profesionales sería un grave error. Los isótopos estables juegan aquí un papel importante. Volviendo al caballo de dieta desconocida, podemos tomar un pequeño fragmento de hueso o diente del mismo, procesarlo y extraer su colágeno, que es la proteína estructural más abundante en el tejido óseo, y analizarlo en un espectrómetro de masas calibrado para medir los isótopos que nos interesan (IR-MS). Este análisis nos reportará la cantidad (en tanto por mil) de isótopos pesados respecto a los ligeros, con lo que ya podemos empezar a hacernos una idea de si el caballo era un consumidor de plantas C3 o C4 (si no sabéis que implica esto, podéis leerlo en esta entrada anterior).

Uno de los primeros y más impactantes artículos sobre el análisis de la dieta mediante isótopos estables fue el artículo que Matt Sponheimer y Julia Lee-Thorp publicaron en Science en 1999 en el que analizaban 4 molares de Australopithecus africanus junto a 65 muestras de 19 taxones asociados extintos de hace 3 millones de años. Sus resultados fueron que A. africanus tenía una dieta muy variable y que su carbono procedía de plantas y frutos C4 y de otros animales que consumían también vegetales C4 (insectos y pequeños mamíferos, por ejemplo). Es decir, colocaron a A. africanus en un ecosistema típico de sabana y se sorprendieron de que su interacción con el mundo C3 fuera ocasional, pues cabría esperar que los australopitecidos no perdieran la oportunidad de abastecerse de energéticas frutas de árboles C3.

Héctor Bolívar Sanz

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Ecología y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s